De cara a 2026, el sentimiento en el mercado de private equity es de cauteloso optimismo. A medida que las brechas de valoración continúan estrechándose y el mercado de OPVs en EE. UU. —aunque selectivo— muestra apertura hacia activos de alta calidad y resiliencia, se espera que los volúmenes de desinversión mejoren gradualmente. Una mayor actividad de exits debería, a su vez, contribuir a reconstruir la confianza de los inversores y respaldar niveles más altos de inversión.
Con un récord de 1,7 billones de dólares en “dry powder” a cierre de 2025, unas condiciones de financiación más favorables y un creciente inventario de activos que necesitan ser desinvertidos, las firmas de private equity estarán bajo presión para desplegar capital. Se espera que la actividad inversora se mantenga sólida, especialmente en infraestructura y energía vinculadas a la IA, así como en sanidad y servicios financieros. El continuo apoyo gubernamental a la IA, la infraestructura y la defensa probablemente reforzará aún más estas tendencias.
No obstante, se prevé que la captación de fondos (fundraising) siga siendo moderada en 2026. El elevado volumen de capital ya existente en el mercado y la presión continua por devolver capital a los LPs limitarán la creación de nuevos fondos, concentrando aún más el capital en firmas más grandes y diversificadas. Los fondos más pequeños podrían enfrentar crecientes dificultades para levantar nuevos vehículos, elevando el riesgo de una estancación prolongada del capital en partes del mercado.