En un entorno marcado por una creciente volatilidad geopolítica, regulatoria y tecnológica, las organizaciones se enfrentan a una complejidad sin precedentes en la gestión del riesgo de terceros. El ecosistema de proveedores, socios y terceros se ha ampliado y vuelto más crítico, mientras que la presión regulatoria y las amenazas cibernéticas se consolidan como los principales impulsores de las estrategias de Third-Party Risk Management (TPRM) a nivel global.
El informe revela que, aunque muchas organizaciones han avanzado en la madurez de sus programas de TPRM, la integración real con la gestión de riesgos empresariales sigue siendo limitada. En este contexto, la inteligencia artificial y la tecnología emergen como palancas clave para mejorar la eficiencia, anticipar riesgos y reforzar la resiliencia, si bien su impacto todavía está condicionado por la fragmentación de sistemas y la calidad de los datos.
A pesar de estos retos, los líderes muestran una clara ambición por transformar la gestión del riesgo de terceros en una capacidad estratégica. El uso creciente de servicios gestionados, la automatización inteligente y un mayor enfoque en la calidad de la información apuntan a un cambio de modelo: desde enfoques reactivos y orientados al cumplimiento hacia una gestión del riesgo más integrada, predictiva y alineada con los objetivos del negocio.