Por: Eliseo Llamazares, Socio Líder de Aviación y Turismo de KPMG México.
La aviación comercial vive un momento en el que la geopolítica irrumpe para transformar los fundamentos económicos de la industria. La reciente escalada bélica ha devuelto al petróleo a niveles que no veíamos desde hace cuatro años: más de USD 100 por barril[1], un salto motivado por ataques a infraestructura estratégica y por la amenaza latente sobre el estrecho de Ormuz, responsable del tránsito de una parte muy relevante del combustible que alimenta a la industria aérea global.
La industria global bajo presión
El impacto en el transporte aéreo se ha sentido de manera inmediata. Las restricciones y cierres de espacio aéreo en zonas cercanas a áreas en conflicto han obligado a desviar rutas, incrementando tiempos de vuelo y consumo de combustible. Aerolíneas internacionales ya están subiendo tarifas o aplicando recargos de combustible, especialmente en vuelos de larga distancia.
Podría ser solo el principio. Los mercados donde el combustible ya representaba entre 25% y 35% de los costos operativos[2] están viendo cómo esta proporción crece, incluso hasta superar 40% en algunos casos. Las compañías aéreas se encuentran ante el dilema de absorber pérdidas o trasladar los aumentos al pasajero. La decisión, en la mayoría de los casos, es trasladar el aumento de coste a los usuarios, medida que tiene mucho impacto en las compañías de bajo precio, cuyos clientes tienen una importante sensibilidad a este concepto, por lo que hoy, más que nunca, es importante el tamaño de las compañías aéreas, que mejoran su capacidad y poder de negociación para poder navegar en este entorno tan volátil.
Asimismo, la crisis actual expone con claridad la distancia estratégica entre aerolíneas europeas y americanas en materia de gestión del combustible.
En el continente europeo, las aerolíneas han apostado por políticas sólidas de coberturas de combustible (fuel hedging, como se denomina en inglés), es decir, fijar el precio de combustible mediante contratos de derivados. Esto es típico, dado que Europa cuenta con una estacionalidad muy marcada en el verano, cuando se realizan casi 50% de los movimientos aéreos, motivados por el turismo. Por ello, compañías aéreas tanto tradicionales como de bajo coste tienen un porcentaje muy alto del combustible fijado a precios previo a cualquier crisis energética.
Al otro lado del Atlántico, particularmente en Estados Unidos y América Latina, el panorama es muy distinto. Las aerolíneas estadounidenses abandonaron gradualmente las políticas de coberturas (hedging), confiando en un mercado más predecible, en la fuerza de su demanda interna y en un marco histórico de estabilidad del precio del combustible, incluso en otros momentos críticos de conflicto bélico.
En América Latina, donde el combustible puede representar entre 30% y 35% de los costos de una aerolínea[3], el impacto es todavía más grave.
Con respecto a México, su industria aérea recibe el impacto completo del encarecimiento del combustible, pues el país depende de los precios internacionales del jet fuel, y enfrenta además otros desafíos simultáneos: limitaciones de infraestructura y tensiones operativas en los principales hubs del país.
El aumento actual del precio del combustible podría traducirse en incremento de tarifas, ajustes operativos en rutas con menor rentabilidad y un impacto en la demanda del típico pasajero VFR (visitor-friends-related).
A esto se suma que la transición hacia combustibles sostenibles es aún incipiente en América Latina, lo que genera un margen de maniobra más estrecho para las aerolíneas mexicanas.
Un escenario que exige decisiones audaces
El alza del combustible derivada de la guerra parece no ser una perturbación pasajera; es un recordatorio de que la aviación sigue siendo vulnerable a las fracturas geopolíticas. Mientras Europa se beneficia de una cultura de cobertura financiera establecida, Estados Unidos y América Latina deberán replantear su relación con el riesgo energético.
Si el conflicto actual persiste, el costo de volar continuará escalando. Si se agrava, podríamos asistir a una reorganización global de rutas, tarifas, estrategias comerciales y prioridades de inversión en la industria aérea, entorno propicio para la consolidación de la industria, ahora impulsada por la necesidad de tener expansión y robustez financiera para gestionar con mayor eficacia la incertidumbre actual.
[1] “The Brent Crude Oil Price Today”, commodity.com, consultado: 19 de marzo, 2026.
[2] “Proyecta IATA costos insostenibles para lograr el net zero sin políticas de transición”, A21MX, 11 de noviembre de 2024.
[3] Idem.
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