Hidrocarburos al 2026: Claridad que nos permite crecer
Hablar del sector hidrocarburos en un país como el nuestro implica reconocer que la estabilidad no es un lujo, sino un requisito indispensable para avanzar. Aunque convivimos con episodios de incertidumbre y cambios frecuentes en la administración pública, el sector sigue desempañando un papel clave en la sostenibilidad de la economía. Esta afirmación no solo parte de mi experiencia profesional; es una percepción compartida por los principales representantes de la industria.
Según el estudio global KPMG 2025 CEO Outlook: De Energía, Recursos Naturales y Productos Químicos (ENRC), el 84% de los CEO de dicho sector confía en el crecimiento futuro, a pesar de los retos que se avecinan. Estos directivos advierten la necesidad de adaptarse a nuevas exigencias, como fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro, incorporar de manera efectiva la inteligencia artificial y gestionar de forma mucho más proactiva los riesgos asociados al cambio climático.
Desde esta perspectiva, nuestro país tiene la posibilidad y la responsabilidad de tomar decisiones que transmitan señales claras y positivas a los inversionistas. Pese a los desafíos existentes, seguimos contando con activos valiosos: una base petrolera y gasífera sólida, un crecimiento potencial en energías renovables y espacio para promover tecnologías más limpias que ya empiezan a perfilarse en la región. Sin embargo, aún es necesario crear condiciones que permitan el desarrollo de estos proyectos.
En este contexto, el Reporte de Inflación de diciembre 2025 del Banco Central de Reserva del Perú[GA1.1] señala una mejora en la proyección de crecimiento para este año, que pasa de 2,9% a 3,0%, atribuida en parte a la recuperación del sector hidrocarburos. El último trimestre cerró con un crecimiento de 3,7%, impulsado por un aumento notable en la producción de petróleo (16,4%) debido al buen desempeño del lote 95 y al reinicio de las operaciones del lote 8. Si bien la producción, de gas y líquidos experimentó una leve caída, las previsiones siguen siendo optimistas: para 2026 se estima un crecimiento de 4,9% y para 2027, un 5,2%, respaldado por el avance del lote 192 y el inicio del lote 58. Estas cifras reflejan una industria que, pese a dificultades, continua en movimiento.
Si analizamos el panorama con algo perspectiva, resulta que es posible alcanzar niveles superiores de producción. Sin embargo, la falta de inversión sostenida ha generado una brecha difícil de cerrar. La exploración se ha reducido casi por completo y, en ausencia de nuevas exploraciones, el sector se limita a gestionar recursos existentes, en lugar de abrir nuevas oportunidades. Este establece, en esencia, el reto más profundo que debemos de afrontar.
De cara a este año, el desafío pasa por fortalecer gobernanza, ofrece señales claras de estabilidad, agilizar la ejecución de contratos estratégicos y avanzar en la adopción de tecnologías de transición que ya no pueden esperar. Contamos con recursos, talento y una autentica ventana de oportunidad; transformarla en resultados concretos dependerá de nuestra capacidad para pasar del diagnóstico a la ejecución, con decisión y coherencia, porque tanto el sector como el país lo necesitan.