La experiencia del cliente (CX, por sus siglas en inglés) en entornos business to business (B2B) ha llegado a un punto de inflexión.
La aceleración de la digitalización, el incremento de las expectativas de los clientes y la rápida evolución de la inteligencia artificial (IA) están transformando la manera en que se genera valor dentro de complejos ecosistemas B2B. Los diferenciadores tradicionales, como la profundidad del producto, los contratos e incluso las relaciones de confianza, ya no bastan por sí solos.
La investigación de KPMG revela un patrón claro: mientras muchas organizaciones continúan invirtiendo en herramientas digitales, la CX permanece fragmentada, operativamente aislada y difícil de escalar. Los datos siguen desconectados, los recorridos son reactivos y las mejoras en la experiencia a menudo no se traducen en un impacto empresarial medible.
Las organizaciones líderes en CX están avanzando porque han replanteado el desafío. Están conectando la experiencia total (total experience), es decir, interacciones con clientes, talento y socios, con el desempeño total (total performance), orquestando operaciones, datos e IA alrededor de resultados compartidos. El resultado es el valor total (total value): mayor retención, mayor valor de vida del cliente y crecimiento sostenido.
Para las y los líderes de CX, este es un momento decisivo. Quienes priorizan la orquestación por encima de la propiedad logran posicionar la experiencia como un verdadero motor de crecimiento y marcan el ritmo de lo que viene.