La demanda global de energía continúa en ascenso, impulsada por el crecimiento demográfico y el desarrollo industrial, particularmente en economías de rápida expansión como India, China y algunos países del sudeste asiático. En 2024, este consumo aumentó alrededor de 2%, mientras que en Europa y América del Norte se mantuvo prácticamente sin cambios.
En este contexto, aunque las energías renovables avanzan, aún no lo hacen al ritmo necesario para cubrir la demanda total, lo que ha llevado al uso de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo, a niveles sin precedentes, poniendo en riesgo el objetivo climático de limitar el calentamiento global a 1.5°C.
A ello se suma el estancamiento de la eficiencia energética, ya que la cantidad de energía utilizada por unidad de producto interno bruto (PIB) no muestra mejoras, lo que ralentiza el progreso hacia los objetivos de descarbonización.
De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), si se mantienen las tendencias energéticas actuales, la temperatura del planeta podría aumentar entre 2.5 y 3°C para 2100, incumpliendo así con los objetivos centrales del Acuerdo de París.2
Como se mencionó anteriormente, el carbón sigue desempeñando un papel clave. En 2024, su consumo aumentó significativamente en India y China debido al bajo costo y a la fiabilidad del suministro. Asimismo, las tensiones geopolíticas han llevado a muchos países a priorizar la seguridad energética, la asequibilidad y la competitividad industrial sobre una descarbonización acelerada, lo que refuerza la dependencia de fuentes fósiles.
Por lo anterior, el carbón y el gas siguen siendo estratégicos en las políticas energéticas de economías clave en el panorama global, como China e India, especialmente con respecto al avance de la electrificación y los esfuerzos por fortalecer la independencia energética.
Estados Unidos (EE.UU.) sigue consolidándose como el mayor productor mundial de petróleo y gas, reduciendo la influencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), aunque la refinación se concentra en Medio Oriente y Asia. Además, en los países en desarrollo, el consumo de combustibles para transporte sigue en aumento por la lenta adopción de vehículos eléctricos, con la excepción de China.
En este sentido, el panorama energético plantea desafíos críticos a nivel mundial, por lo que las acciones que las naciones y las organizaciones tomen definirán el rumbo de la transición energética. A continuación, compartimos dos áreas clave a considerar durante los próximos años: