Por: Javier Mundo, Socio Líder de Energía y Recursos Naturales.
Los sistemas energéticos globales están evolucionando en un entorno geopolítico cada vez más fragmentado e incierto. En este contexto, la transición energética avanza de manera poco ordenada, obligando a las y los líderes de la industria a navegar a través de tendencias divergentes entre distintas geografías.
El aumento de la demanda, la fragmentación geopolítica y la intensificación de la competencia por la energía y las ventajas industriales están redefiniendo los resultados energéticos globales a un ritmo que las metas de descarbonización, por sí solas, no han logrado determinar. Como resultado, se observa una mayor diversificación de las fuentes de energía, una creciente divergencia entre regiones y avances desiguales entre combustibles y tecnologías.
Desde esta perspectiva, las tendencias energéticas se comprenden mejor a través de una transición fragmentada e impulsada por dinámicas regionales, más que mediante una transición energética única y coordinada a escala global. En contraste, la geopolítica, la seguridad energética y el crecimiento sostenido de la demanda sí han logrado convertirse en ejes principales de la narrativa energética mundial.
Esta realidad se observa tanto en las economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como en los mercados emergentes, donde los responsables de la formulación de políticas priorizan cada vez más el crecimiento económico, la asequibilidad y la seguridad energética. Estas prioridades están reconfigurando las decisiones de inversión en todas las fuentes de energía.
En este contexto, la demanda mundial de energía aumentó 1.7% en 2025, mientras que todas las formas de energía registraron crecimiento simultáneamente.[1] Esto continúa demostrando la magnitud del apetito energético global. Como consecuencia, múltiples tecnologías energéticas avanzan al mismo tiempo, se hacen más evidentes los ganadores y perdedores regionales, y las trayectorias de emisiones se están desviando significativamente de las rutas alineadas con el Acuerdo de París.
Un elemento particularmente relevante en esta nueva configuración energética es el papel del gas natural. A medida que los gobiernos priorizan la seguridad y la confiabilidad del suministro, el gas y el gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) se han consolidado como componentes estratégicos de la matriz energética global. Su capacidad para complementar a las energías renovables, responder con flexibilidad a cambios en la demanda y diversificar las fuentes de abastecimiento ha fortalecido su posición dentro de los planes energéticos de numerosas economías.
Lo anterior sugiere que, más allá de su tradicional papel como combustible de transición, el gas natural seguirá ocupando un lugar central en la evolución del sistema energético mundial durante las próximas décadas.
Mientras el gas natural consolida su papel como un componente estratégico de la seguridad energética global, otro de los cambios más significativos del mercado energético es el desplazamiento del centro de gravedad de la oferta mundial de petróleo hacia América. La revolución del shale oil (petróleo no convencional producido a partir de esquistos bituminosos) en Estados Unidos (EE.UU.), junto con la consolidación de Brasil como productor relevante, ha contribuido a reducir la capacidad de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de influir en los precios, y ha fortalecido la resiliencia del sistema frente a interrupciones concentradas en una sola región.
La participación de Medio Oriente en la oferta mundial de petróleo ha disminuido conforme el crecimiento de la producción en EE.UU. y otros países ha diversificado la base de suministro. Actualmente, la producción combinada de América del Norte, Centroamérica y América del Sur supera a la de Medio Oriente, impulsada por el crecimiento sostenido de EE.UU., el aumento de la producción en Brasil y la incorporación de nueva capacidad productiva en Guyana. Se espera que la región sea uno de los principales motores del crecimiento de la oferta fuera de la OPEP+.
En este entorno, las organizaciones enfrentan la necesidad de replantear sus estrategias energéticas. Como primeros pasos hacia este replanteamiento, el 2026 Statistical Review of World Energy de KPMG señala cinco prioridades: reconstruir la estrategia desde una perspectiva regional, convertir la resiliencia energética en una prioridad financiera además de operativa, comprender la cadena de suministro más allá del primer nivel de proveedores, invertir en tecnologías con impulso comercial y desarrollar planes de transición que sean defendibles y ejecutables.
[1] Divergent and disorderly: Mapping global energy trends in an increasingly volatile world. 75th edition – Insights from the 2026 Statistical Review of World Energy, KPMG International, 2026.
Nota: las ideas y opiniones expresadas en este escrito son de quienes firman el artículo y no necesariamente representan las ideas y opiniones de KPMG México.
Prohibida la reproducción parcial o total sin la autorización expresa y por escrito de KPMG.
La información aquí contenida es de naturaleza general y no tiene el propósito de abordar las circunstancias de ningún individuo o entidad en particular. Aunque procuramos proveer información correcta y oportuna, no puede haber garantía de que dicha información sea correcta en la fecha en que se reciba o que continuará siendo correcta en el futuro. Nadie debe tomar medidas con base en dicha información sin la debida asesoría profesional después de un estudio detallado de la situación en particular.