Se prevé que la inteligencia artificial (IA) desempeñe un papel fundamental en la infraestructura empresarial para 2026, marcando la transición de una herramienta experimental a un activo esencial. Sin embargo, las iniciativas aún se encuentran, por su naturaleza, en las primeras etapas de innovación, y la evaluación de nuevos riesgos suele considerarse una prioridad baja.
Sin embargo, a medida que la IA se integra en los sistemas y procesos de los que dependen las organizaciones, se convierte rápidamente en blanco de interrupciones, manipulación y explotación. La velocidad y el alcance de estos avances generan una creciente necesidad de evaluar su impacto en la resiliencia organizacional en su conjunto.
El informe KPMG Global Tech Report 2026 revela la rapidez con la que la IA se está integrando en las operaciones empresariales. La confianza es alta: la mitad de las organizaciones participantes informaron que ya están ampliando los casos de uso de la IA, mientras que el 68 % espera obtener un buen retorno de su inversión para finales de este año. Esto representa un aumento del 44 % con respecto al año anterior, lo que refleja una mayor comprensión de cómo generar valor.
Además, el 88 % afirmó estar invirtiendo en el desarrollo de sistemas de IA agéntica, con el objetivo de acelerar y, en última instancia, transformar funciones y flujos de trabajo. En su trabajo diario, los empleados dependen cada vez más de herramientas y recursos de IA para crear contenido, resumir reuniones, analizar datos y generar código, ya sea mediante acceso corporativo con licencia o suscripciones privadas sin supervisión, donde la gobernanza puede ser limitada.
La rápida adopción de la IA sin gobernanza o evaluación de los crecientes niveles de riesgo operativo pueden exponer a las organizaciones a graves amenazas. Los impactos pueden ser significativos, desde posibles fallos en la calidad de los componentes de IA en la cadena de desarrollo hasta la proliferación de nuevas vulnerabilidades capaces de comprometer las defensas de ciberseguridad existentes. Los propios modelos de IA se están convirtiendo en objetivos, ya que representan una nueva propiedad intelectual desarrollada por las organizaciones. Las preocupaciones van más allá del riesgo tecnológico, lo que indica la necesidad de protecciones más sólidas para las operaciones y los resultados impulsados por la IA.