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      Un ejercicio de confianza en plena era digital

      El Plan de Gestión de Cumplimiento Tributario 2026 confirma que la fiscalización tributaria en Chile entra en una etapa más sofisticada, apoyada en datos, tecnología y estándares técnicos cada vez más exigentes. Más que un ajuste anual, refleja una evolución en la forma en que la autoridad analiza y cruza información.

      Para las empresas, el desafío es fortalecer la coherencia entre su realidad operativa, financiera y tributaria. La trazabilidad de las operaciones, la consistencia en modelos de valoración y precios de transferencia, y la capacidad de sustentar técnicamente cada decisión se vuelven fundamentales.

      El uso intensivo de análisis de datos y modelos predictivos eleva el nivel de escrutinio y reduce espacios para inconsistencias. Avanzar hacia esquemas de cumplimiento basados en riesgo, con monitoreo interno permanente y coordinación entre áreas, resulta necesario para disminuir contingencias.

      Al mismo tiempo, los mecanismos de colaboración temprana ofrecen mayor certeza jurídica y estabilidad en la planificación. La fiscalización patrimonial e internacional también exige mayor alineamiento entre estructuras societarias, valorizaciones y declaraciones personales.

      El entorno será más técnico y digital. Anticipación, integración de información y documentación robusta marcarán la diferencia en la gestión del riesgo tributario.

      Columna opinión Juan Pablo Guerrero