La aceleración del cambio tecnológico y la expansión de la superficie de ataque digital posicionan a la ciberseguridad como un eje estructural para la competitividad empresarial.
En este contexto, el análisis realizado por KPMG en la nueva edición de su estudio “Consideraciones en Ciberseguridad” (KPMG, 2026)[1] resulta clave, desde que permite comprender la evolución de la agenda de seguridad para 2026 y años venideros, así como su relevancia para América del Sur, una región caracterizada por asimetrías en materia regulatoria, tecnológica y con una creciente exposición a los riesgos sistémicos.
[1] Consideraciones en ciberseguridad 2026. Construyendo confianza y habilitando la innovación en un entorno dinámico. KPMG (2026).
En primer lugar, emerge como una prioridad crítica la preparación de la fuerza laboral un entorno de seguridad autónoma. La automatización impulsada por inteligencia artificial redefine el funcionamiento de los centros de operaciones de seguridad (SOC), desplazando tareas operativas hacia agentes digitales y elevando la demanda de capacidades analíticas y estratégicas. En América del Sur, donde existe una brecha estructural de talento en ciberseguridad, este cambio implica no solo la necesidad de capacitación, sino también la creación de nuevos perfiles híbridos capaces de gestionar sistemas autónomos en contextos de recursos limitados.
En segundo término, la interacción entre geopolítica, resiliencia y cumplimiento normativo introduce una complejidad adicional. La fragmentación regulatoria y las tensiones internacionales reconfiguran las cadenas de suministro y obligan a las organizaciones a reconsiderar sus dependencias tecnológicas. En nuestra región, este fenómeno puede traducirse en desafíos asociados a la soberanía de los datos, la dependencia de proveedores globales y la necesidad de adaptar marcos regulatorios aún incipientes, particularmente en sectores críticos como energía y servicios financieros.
La tercera consideración, centrada en la seguridad de los sistemas de inteligencia artificial, refleja la creciente importancia de la IA como activo estratégico, pero también como vector de riesgos. Si bien los sistemas de IA pueden amplificar la capacidad defensiva, también pueden ser explotados por actores maliciosos mediante automatizaciones innovadoras que mejoran su eficacia en los ataques. En América del Sur, donde la adopción de la IA crece de forma heterogénea, persisten los desafíos vinculados a la gobernanza, la transparencia y la integración de controles de seguridad desde el diseño, especialmente en organizaciones con menor madurez digital.