La transición energética global ha reconfigurado las prioridades de los países y de las industrias tecnológicas, otorgando a los minerales críticos —en particular a las tierras raras— un protagonismo sin precedentes.
Este conjunto de elementos, indispensable para la fabricación de imanes permanentes, motores de vehículos eléctricos y componentes electrónicos de alta complejidad, se ha consolidado como un insumo estructural para las tecnologías de baja emisión de carbono y la electrificación acelerada del transporte. En este contexto, América del Sur emerge como una región con un potencial geológico significativo, especialmente concentrado en Brasil y Argentina, cuya capacidad para integrarse en las cadenas globales de suministro podría contribuir de manera decisiva a reducir la concentración productiva que actualmente domina el mercado.
La dinámica reciente del sector muestra que la expansión de la demanda de tierras raras está íntimamente ligada a los compromisos de descarbonización asumidos a nivel global y a la adopción creciente de tecnologías limpias. El ritmo de crecimiento en el consumo de algunos elementos, como neodimio, praseodimio, disprosio y terbio —que son clave para la fabricación de imanes de alto rendimiento— se mantiene sostenido, incluso bajo escenarios moderados de transición energética. Asimismo, la electrificación del parque automotor y la instalación acelerada de infraestructura eólica en diversos países proyectan un incremento persistente en la demanda hacia 2050, acompañado de una presión creciente sobre una cadena de suministro que ya opera en condiciones de fragilidad estructural.
Esta fragilidad tiene raíces geopolíticas y económicas profundas. Más del 70% de la producción mundial proviene de China, país que no solo domina la fase extractiva sino también las etapas de separación, refinado y manufactura avanzada. A pesar de que otros productores —Estados Unidos, Australia o Tailandia— han incrementado su participación en los últimos años, el mapa global continúa caracterizado por una marcada concentración que expone al mercado a riesgos sistémicos. Tensiones geopolíticas, disrupciones logísticas, crisis climáticas y fluctuaciones regulatorias actúan como factores que amplifican la vulnerabilidad del abastecimiento, elevando la volatilidad e impactando en la planificación de las industrias dependientes de estos minerales.