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Por:
Juan Padial,
Socio líder de Digital Supply Chain en Brasil y América del Sur


El año 2026 se presenta como un punto de inflexión para las cadenas de suministro globales, que seguirán enfrentando desafíos constantes derivados de la volatilidad económica, la presión regulatoria y la aceleración tecnológica. De acuerdo con el análisis realizado por KPMG en la publicación “Key trends impacting supply chains in 2026”1 , seis tendencias principales marcarán la agenda de los líderes: la búsqueda de valor, la integración en estructuras de servicios globales, la escalabilidad de la inteligencia artificial, la irrupción de los agentes de IA en los procesos de compra, la adopción de nuevas métricas estratégicas y la gestión de las disrupciones comerciales y arancelarias. Estas dinámicas no solo transformarán la gestión global de las cadenas, sino que también tendrán efectos significativos en América del Sur, una región caracterizada por economías emergentes, alta dependencia de la exportación de commodities y vulnerabilidad frente shocks externos.

La primera tendencia, orientada a la creación de valor, implica superar la resiliencia operativa para maximizar el valor empresarial, integrando la experiencia del cliente con la eficiencia interna y la sostenibilidad. En América del Sur, donde las cadenas de suministro suelen enfrentar volatilidad cambiaria y limitaciones logísticas, adoptar esta visión podría impulsar inversiones en experiencia del cliente y prácticas ESG, especialmente en sectores agroindustriales y mineros. Las empresas que logren alinear resiliencia con generación de valor tendrán una ventaja competitiva frente a competidores globales.

La segunda tendencia apunta a la centralización de funciones bajo estructuras globales de servicios, con el objetivo de estandarizar, escalar y potenciar la eficiencia, el análisis avanzado de datos, la automatización y la visibilidad global. Para las empresas multinacionales con operaciones en América del Sur, esta estrategia podría significar la consolidación de sus procesos en hubs regionales, lo que les permitiría reducir costos y mejorar la gobernanza y gestión de los riesgos. Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas locales podrían enfrentar barreras para integrarse a estas plataformas, lo que exige políticas de digitalización y capacitación que permitan su inclusión en cadenas globales.

La tercera tendencia se centra en la escalabilidad de la inteligencia artificial y la creación de ecosistemas conectados que integren finanzas, ESG, HR y CRM, entre otros. Así, la IA pasará de la prueba piloto a una integración plena en plataformas de abastecimiento, planificación y gestión de riesgos. En América del Sur, la adopción masiva dependerá de la infraestructura tecnológica y la conectividad. Países con avances en digitalización, como Argentina, Brasil o Colombia, podrían liderar esta transición, mientras que otros tendrán que enfrentar brechas significativas. La IA permitirá optimizar pronósticos de demanda en mercados volátiles y mejorar la trazabilidad en cadenas de diversos sectores (como el agrícola o el energético), lo que representa una oportunidad para sectores estratégicos.

En paralelo, la cuarta tendencia, materializada en la irrupción de los agentes de IA en las compras (procurement), buscará transformar el proceso de adquisiciones mediante agentes autónomos que gestionarán procesos completos, desde la evaluación de proveedores hasta la ejecución de contratos. Esto puede redefinir la relación con proveedores locales, exigiendo mayor transparencia y cumplimiento normativo. Las empresas sudamericanas deberán adaptarse a estándares digitales para no quedar fuera de las cadenas globales, en tanto que la automatización reducirá los costos de transacción, un factor clave en economías con alta presión inflacionaria.

La quinta y anteúltima tendencia, referida a la adopción de nuevas métricas estratégicas, buscará complementar los indicadores tradicionales con indicadores que permitan visibilidad y datos en tiempo real, resiliencia y valor, precisión en las decisiones de IA y automatización, gemelos digitales, colaboración humano-máquina, ciberseguridad, ESG y orquestación multimodal. En América del Sur, la medición de emisiones indirectas (Scope 3) será crítica para exportadores ante regulaciones europeas y norteamericanas. Asimismo, la resiliencia ante disrupciones, como bloqueos portuarios o crisis energéticas, se convertirá en un indicador prioritario. La adopción de métricas digitales exigirá inversión en IoT y sistemas ERP, lo que plantea retos para empresas con recursos limitados.

Finalmente, la persistencia de tarifas y el proteccionismo obligarán a rediseñar estrategias de abastecimiento mediante la diversificación de proveedores, el nearshoring y la simulación de escenarios con IA. América del Sur, dependiente de la exportación de commodities, será especialmente sensible a cambios arancelarios en mercados clave como China y Estados Unidos. Países como México y Brasil podrían beneficiarse del nearshoring con Norteamérica, mientras que otros deberán fortalecer acuerdos intrarregionales, como el Mercosur (que en este momento avanza hacia un acuerdo de comercio con la Unión Europea), para mitigar riesgos y garantizar la continuidad operativa.

En conclusión, las tendencias identificadas no solo redefinirán la gestión global de las cadenas de suministro, sino que también plantean desafíos y oportunidades para América del Sur. La región deberá acelerar la digitalización, invertir en inteligencia artificial y fortalecer la resiliencia para integrarse a ecosistemas globales orientados a valor total y sostenibilidad. Las empresas que logren adaptarse a estas dinámicas podrán capitalizar ventajas competitivas en un entorno marcado por volatilidad y disrupción, mientras que aquellas que permanezcan rezagadas enfrentarán riesgos crecientes de exclusión en mercados internacionales.

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