La actividad global de fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) está recuperando dinamismo. Los proyectos en curso vuelven a fortalecerse y las condiciones de financiamiento se han estabilizado, impulsando una renovada reorganización de los portafolios de negocio; sin embargo, esta recuperación surge en un entorno considerablemente más complejo, marcado por la fragmentación geopolítica, la volatilidad regulatoria, los cambios en la política fiscal y la acelerada evolución tecnológica.
Esto no se trata de un ciclo de recuperación convencional, sino que refleja una recalibración estructural de la manera en que se configuran, separan y gestionan los portafolios de negocio. En este contexto, la disciplina en la ejecución se está convirtiendo en un factor tan decisivo como la visión estratégica.
Las escisiones corporativas están adquiriendo un papel central en las estrategias de portafolio, mientras que la capacidad de ejecución se perfila como una ventaja competitiva determinante para las organizaciones.