Por:
Manuel Fernandes,
Socio líder de la industria de Energía y Recursos Naturales de KPMG Brasil y América del Sur
Las industrias de energía, recursos naturales y productos químicos (ENRC) atraviesan una etapa de transformación marcada por tensiones geopolíticas, volatilidad económica y una transición energética que avanza de forma desigual entre regiones. La edición 2025 del recorte para estos sectores de la encuesta de KPMG “CEO Outlook”1 muestra que, a pesar del contexto, los líderes empresariales se mantienen mayormente optimistas sobre su futuro y el de sus industrias. Este optimismo convive con una comprensión clara de los desafíos actuales, marcados por las exigencias regulatorias, una inflación persistente, las interrupciones en la cadena de suministro, las presiones en la rentabilidad en sectores intensivos en capital y, más recientemente, la urgente necesidad de desarrollar capacidades internas en inteligencia artificial.
1 KPMG (2025). Global Energy, Natural Resources and Chemicals CEO Outlook 2025.
La transición energética, lejos de consolidarse, muestra signos de complejidad. Mientras Europa desacelera su expansión renovable, el crecimiento en China y en los países no pertenecientes a la OCDE exhibe un dinamismo mayor, impulsado por el incremento continuo en la demanda energética. Este cambio estructural refleja el desplazamiento del centro de gravedad energético hacia los mercados emergentes, y explica la competencia global por minerales críticos y combustibles que sostienen tanto las tecnologías limpias como los sistemas tradicionales. En este escenario, los CEO que participaron de la encuesta de KPMG reconocen que la inteligencia artificial dejó de ser algo experimental para convertirse en una herramienta transversal.
Desde la gestión operativa hasta la planificación estratégica, pasando por la mitigación de riesgos y generación de reportes, la IA está integrándose a la arquitectura central de las empresas. De hecho, la mayoría de los CEO de ENRC (un 66%) espera retornos de inversión en plazos cada vez más cortos (1 a 3 años), y está destinando porciones significativas de sus presupuestos a acelerar su adopción. Sin embargo, esta incorporación masiva revela tensiones internas. La brecha entre habilidades existentes y requeridas se posiciona como un reto crítico, impulsando a las empresas a retener talento estratégico y recapacitar a su fuerza laboral. La IA no solo transforma procesos, sino que redefine profesiones y obliga a repensar los modelos de liderazgo, estructuras organizacionales y la cultura en la toma de decisiones. Como si fuera poco, los criterios ESG continúan sosteniéndose como pilares estratégicos, aunque con distinta intensidad en función de la región.
Aun cuando algunos mercados muestran señales de fatiga regulatoria o política hacia la sostenibilidad, la mayoría de los CEO del sector reconoce que los objetivos net-zero, la eficiencia energética y la reducción de emisiones no son una responsabilidad optativa, sino la base competitiva para el nuevo ciclo económico global.
La incorporación de IA en la medición, optimización y auditoría de indicadores ESG es percibida como un catalizador clave para cerrar brechas entre la expectativa de los grupos de interés y la capacidad actual de reporte y cumplimiento. En paralelo, la agenda de fusiones y adquisiciones también crece, especialmente en energías renovables y activos digitales, demostrando el interés de estas empresas por el crecimiento inorgánico, la búsqueda de escala, el acceso a tecnologías estratégicas y una cadena de suministro más resiliente frente a la inestabilidad internacional. A pesar de este escenario complejo, la conclusión general es clara: el sector ENRC tiene una oportunidad histórica para redefinir su rol y garantizar fuentes de energía seguras, sostenibles y tecnológicamente integradas para un mundo que demanda más electricidad, más eficiencia y más resiliencia.
La perspectiva global adquiere una dimensión particular al analizar las implicancias para América del Sur, una región caracterizada por abundancia de recursos naturales, matriz energética relativamente limpia, alta heterogeneidad económica y una coyuntura marcada por tensiones fiscales y necesidades de inversión. En este contexto, el informe de KPMG ofrece una base útil para explorar una proyección propia para la región.
América del Sur posee ventajas objetivas para la transición energética global: reservas críticas de litio, cobre y níquel; una capacidad hidroeléctrica consolidada; potencial solar y eólico de escala mundial; y avances en hidrógeno verde y biomasa. Estas características pueden convertir a la región en un actor central del nuevo orden energético. No obstante, su capacidad para capitalizar estas oportunidades dependerá de cómo enfrente sus limitaciones estructurales, especialmente marcos regulatorios inestables, volatilidad macroeconómica, infraestructura insuficiente y un rezago relativo en la adopción tecnológica, especialmente en materia de IA.
La experiencia internacional muestra que un despliegue exitoso de IA depende tanto del acceso a datos de calidad como de la disponibilidad de talento especializado.
La experiencia internacional muestra que un despliegue exitoso de IA depende tanto del acceso a datos de calidad como de la disponibilidad de talento especializado, dos dimensiones en las que la región debe profundizar y que podría afrontar mediante un enfoque híbrido basado en alianzas público-privadas para desarrollar infraestructura tecnológica, impulsar marcos para la captura y operabilidad de datos, y promover estrategias de capacitación laboral con énfasis en la reconversión digital. Asimismo, a diferencia de las economías desarrolladas, América del Sur aun dispone de espacio para desarrollar su demanda energética si logra aumentar su industrialización y se transforma en un hub de datacenters, pero teniendo en cuenta que la transición energética regional que lleva adelante no puede ser solo un proceso de sustitución tecnológica, sino una estrategia de desarrollo productivo que vincule energía, minería, manufactura y digitalización.
La aplicación de criterios ESG también presenta matices regionales. Aunque la presión regulatoria puede ser menor que en Europa, la demanda de sostenibilidad por parte de mercados de exportación, inversionistas y organismos multilaterales es cada vez más intensa. Este fenómeno transforma el cumplimiento ESG en un requisito de acceso a mercados, especialmente para industrias extractivas. La IA podría desempeñar un rol clave en elevar estándares de transparencia, trazabilidad y reporte, lo cual permitiría a la región capturar valor sin quedar rezagada frente a regulaciones internacionales más estrictas.
Finalmente, el dinamismo del sector ENRC en América del Sur dependerá de su capacidad para generar confianza inversora, habilitar marcos regulatorios predecibles y promover proyectos de infraestructura energética y minera de escala continental. La convergencia entre IA, sostenibilidad y aprovechamiento responsable de recursos podría sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo, capaz de integrar crecimiento económico, seguridad energética y competitividad global.
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