Autora: Magaly Vergaray, Directora de Auditoría en KPMG Perú
Ante la coyuntura actual, surge una pregunta inevitable: ¿está realmente preparado el sector agrícola para tomar decisiones en un entorno donde los supuestos cambian más rápido que las propias campañas? La planificación de las campañas agrícolas 2026 y 2027 se desarrolla en un escenario particularmente desafiante. Las recientes anomalías climáticas en diversas zonas productivas del país, sumadas a la inestabilidad geopolítica internacional, han incrementado la incertidumbre sobre variables clave del negocio agrícola: rendimientos, costos de producción y valorización de activos biológicos.
Durante los últimos meses, productores y agroexportadores han registrado mayores fluctuaciones en los rendimientos esperados, asociadas a variaciones en temperaturas, irregularidad de lluvias y episodios de estrés hídrico.
A este entorno climático se añaden experiencias previas como El Niño Costero 2017 y El Niño 2023–2024 y la presión derivada de tensiones en Medio Oriente, que han evidenciado cómo los conflictos internacionales pueden afectar indirectamente al sector agroindustrial. Según el boletín Insumos y Servicios Agropecuarios del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, en enero de 2026 el precio promedio nacional de la urea agrícola disminuyó 2% respecto al mismo mes del año anterior. Sin embargo, este tipo de escenarios geopolíticos suele traducirse en incrementos en los precios de energía, fertilizantes y costos logísticos, todos fundamentales para la producción agrícola y la competitividad exportadora.
En este contexto, las proyecciones de rendimiento y los supuestos utilizados para valorar los cultivos en desarrollo dependen de variables como productividad, precios de mercado y costos de cosecha. Cuando estos factores se ven afectados por cambios climáticos o de mercado, las estimaciones financieras pueden requerir ajustes significativos.
El impacto para las empresas agroindustriales es directo, especialmente para aquellas que reportan resultados trimestralmente, ya que cualquier variación en los supuestos productivos o de costos se refleja de inmediato en la valorización de los cultivos y, por ende, en los resultados financieros del periodo. Si estos supuestos no se revisan oportunamente, pueden generarse distorsiones relevantes en los estados financieros.
Una sobreestimación de rendimientos o una subestimación de costos puede llevar a reconocer un valor mayor de los activos biológicos durante la campaña. Por ejemplo, si un fundo proyecta obtener 20 toneladas por hectárea de arándanos, pero debido a estrés hídrico y menor cuajado el rendimiento real termina siendo 14 toneladas, el modelo de valorización reflejará inicialmente un valor razonable inflado. Cuando se materializa la cosecha real, la empresa debe registrar un ajuste negativo para corregir dicha sobrevaloración, afectando directamente la utilidad del periodo.
Este efecto no se limita al resultado: también distorsiona márgenes operativos, ratios de endeudamiento y proyecciones de flujo de caja, impactando la información utilizada por inversionistas, acreedores y otros usuarios de los estados financieros, especialmente en empresas que reportan trimestralmente, donde estos cambios se reflejan de forma inmediata en la valorización del cultivo y en los indicadores financieros del periodo.
Ante este entorno retador, las empresas del sector están reforzando sus procesos de planificación agrícola y estimación financiera. En esa línea, es recomendable:
Incorporar escenarios climáticos alternativos al estimar rendimientos.
Revisar periódicamente los supuestos productivos y de costos utilizados en la valorización de cultivos.
Monitorear variaciones en costos de fertilizantes, energía y logística.
Fortalecer la coordinación entre áreas agronómicas, financieras y de planeamiento para actualizar proyecciones.
Más que una coyuntura puntual, la evidencia reciente demuestra que la variabilidad climática y la incertidumbre geopolítica serán factores cada vez más recurrentes en el negocio agrícola. Por ello, la capacidad de revisar oportunamente las proyecciones de rendimiento y ajustar los supuestos de valorización de activos biológicos será decisiva para una gestión financiera más sólida y una mejor toma de decisiones.
En el agro, anticiparse siempre ha sido una ventaja competitiva. Hoy, esa anticipación exige revisar a tiempo los supuestos que sostienen las proyecciones, antes de que la realidad del campo obligue a hacerlo.
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