En la última década, las organizaciones han desarrollado modelos de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento (GRC) para responder al incremento de exigencias regulatorias, a una mayor presión por la transparencia y al creciente escrutinio de reguladores y grupos de interés. No obstante, la experiencia acumulada muestra que la mera existencia de un modelo de compliance no garantiza su efectividad real.
El informe realizado por KPMG pone de manifiesto que muchos modelos de GRC han crecido de forma fragmentada, incorporando políticas, controles y estructuras de manera reactiva. Este enfoque genera sistemas formalmente correctos, pero difíciles de gobernar, con duplicidades, evaluaciones de riesgo poco conectadas con la realidad del negocio y un impacto limitado en la toma de decisiones.