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      El absentismo se ha convertido en uno de los principales retos para la competitividad de la economía española. Más de 1,6 millones de personas faltan cada día a su puesto de trabajo y el impacto económico asociado supera los 59.000 millones de euros anuales, una cifra equivalente a cerca del 3,7% del PIB nacional, según Adecco.

      Este fenómeno ha dejado de ser una cuestión exclusivamente empresarial para convertirse en un reto económico, social y sanitario de primer orden, que afecta a la productividad, la organización del trabajo, la calidad de los servicios y la capacidad de crecimiento de las organizaciones.

      Estas son algunas de las conclusiones de la jornada organizada por KPMG y la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), en la que participaron María Lacarra, Chief Operating Officer (COO) de KPMG en España y socia responsable de País Vasco, y Francisco Fernández Díez, socio responsable del área Laboral de KPMG Abogados.

      Durante el encuentro, analizaron la evolución del absentismo en España y coincidieron en que su crecimiento responde a una combinación de factores demográficos, sanitarios, organizativos y regulatorios que requieren una respuesta coordinada por parte de empresas, administraciones públicas, sistema sanitario y agentes sociales.

      Actualmente, España registra una tasa de absentismo del 7,2% de las horas pactadas, mientras que el absentismo vinculado a incapacidad temporal alcanza el 5,6%. Además, cerca del 78% de las horas perdidas por absentismo están relacionadas con procesos de incapacidad temporal, lo que pone de manifiesto la importancia de factores como el envejecimiento de la población activa, el aumento de las patologías asociadas a la salud mental, la duración de determinados procesos médicos y las dificultades para agilizar la reincorporación al trabajo.

      María Lacarra afirmó que el absentismo ha dejado de ser un problema de recursos humanos para convertirse en un reto de competitividad. A su juicio, su impacto trasciende el ámbito de la empresa y afecta a la capacidad de crecimiento de sectores enteros y de la economía en su conjunto, por lo que afrontarlo exige una respuesta compartida entre administraciones, sistema sanitario, empresas y agentes sociales.

      También destacaron que el absentismo presenta diferencias significativas tanto por sectores como por territorios. Industria manufacturera, logística y transporte, sanidad, servicios sociales y actividades intensivas en mano de obra soportan actualmente los mayores niveles de presión, con efectos directos sobre la productividad y la continuidad operativa.

      Asimismo, existen importantes diferencias entre comunidades autónomas. En regiones como País Vasco, Asturias o Canarias confluyen factores estructurales específicos, como el peso de determinadas actividades económicas, el envejecimiento de la población trabajadora y una mayor incidencia de determinados procesos de incapacidad temporal.

      En el caso del País Vasco -uno de los territorios con mayor incidencia del absentismo-, además, confluyen algunos elementos diferenciales como el importante peso de la actividad industrial y manufacturera, una población activa más envejecida que la media nacional y una incidencia especialmente elevada de determinados procesos de incapacidad temporal. Esta realidad pone de manifiesto que no existen soluciones universales y que cada territorio requiere un diagnóstico riguroso y medidas adaptadas a sus características económicas, laborales y sanitarias.

      Francisco Fernández señaló que el absentismo es un fenómeno complejo y multicausal para el que no existe una única causa ni una única solución. En su opinión, resulta imprescindible actuar simultáneamente sobre la prevención, la gestión de la incapacidad temporal, la coordinación institucional y la promoción de entornos de trabajo más saludables.

      Durante la sesión se abordaron algunas de las principales causas que explican la evolución del fenómeno. Entre ellas destacan el envejecimiento de la población activa, el incremento de las patologías relacionadas con la salud mental, las listas de espera sanitarias, la duración de determinados procesos de baja médica y la necesidad de mejorar la coordinación entre empresas, mutuas, servicios de salud y Seguridad Social.

      Se analizaron asimismo distintas experiencias internacionales y las medidas que están adoptando las organizaciones para anticipar y reducir el absentismo evitable. Entre ellas destacan la utilización de herramientas de análisis de datos, la promoción de la salud física y emocional, el refuerzo del liderazgo de equipos y el desarrollo de modelos de trabajo más flexibles. KPMG defendió la necesidad de abordar este desafío desde una perspectiva preventiva, poniendo el foco en los factores que preceden a la ausencia y favoreciendo una gestión basada en el bienestar de las personas y en la evidencia.

      En este sentido, María Lacarra destacó que las organizaciones que están obteniendo mejores resultados son aquellas que combinan prevención, bienestar, liderazgo y gestión basada en datos. A su juicio, la clave no está en controlar más, sino en anticiparse mejor y actuar antes de que aparezcan los problemas.

      Francisco Fernández concluyó que, si el problema es compartido, la respuesta también debe serlo. En su opinión, España se enfrenta a un desafío estructural que exige una visión de largo plazo y un compromiso conjunto de empresas, administraciones públicas, sistema sanitario y agentes sociales para revertir una tendencia que ya se ha convertido en uno de los principales retos para la competitividad del país.