Zoom: preparados para la disrupción
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30/septiembre/2026
Una guía para que las empresas anticipen, respondan y mitiguen los efectos de las disrupciones que ya conforman una nueva realidad global, reforzando así su gestión de riesgos y capacidad de resiliencia.
La inestabilidad ha dejado de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en un factor estructural. Elementos como la fragmentación geopolítica, el proteccionismo, la incertidumbre macroeconómica, la presión regulatoria, los fenómenos climáticos extremos y la aceleración tecnológica han transformado el entorno en el que operan las empresas.
Para las compañías españolas, esta nueva realidad implica gestionar riesgos cada vez más interconectados: volatilidad energética, disrupciones en las cadenas de suministro, tensiones inflacionistas, cambios regulatorios, ciberamenazas y una carrera tecnológica marcada por el avance de la inteligencia artificial.
En este contexto, la capacidad de adaptación se convierte en un factor diferencial. Por tanto, acciones como reforzar la gestión de crisis, revisar los planes de continuidad e incorporar nuevas tecnologías se erigen como líneas de actuación que pueden ayudar a las organizaciones a anticipar escenarios y responder con mayor agilidad.
La lectura de este informe te aportará las claves para anticipar, responder y mitigar los impactos derivados de un nuevo entorno marcado por la inestabilidad y las disrupciones.
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La combinación de riesgos geopolíticos, económicos, regulatorios, tecnológicos y climáticos exige una visión integrada.
Estos son algunos de los ámbitos que requieren una mayor capacidad de anticipación y respuesta.
La fragmentación geopolítica, la volatilidad económica, los cambios regulatorios, los fenómenos extremos y la aceleración tecnológica afectan a la planificación, los costes, el suministro, el consumo, la seguridad digital y la competitividad. La interconexión entre estos riesgos puede amplificar su impacto y dificultar la toma de decisiones.
En su planificación financiera, las compañías pueden por un lado diversificar sus fuentes y proveedores, acelerar la eficiencia energética e impulsar el autoconsumo, y, por otro, reforzar las coberturas de precios e incorporar escenarios energéticos en su planificación financiera. También resulta relevante vincular las inversiones en descarbonización y electrificación con objetivos de competitividad y reducción de dependencias.
Entre las principales líneas de actuación se recomienda diversificar proveedores, identificar materiales e insumos críticos, mejorar la trazabilidad, establecer alternativas de abastecimiento, revisar los inventarios estratégicos y desarrollar planes de contingencia. Por su parte, la analítica avanzada y la IA también pueden ayudar a detectar señales tempranas de interrupción.
Es necesario reforzar la vigilancia normativa. Además, se debe priorizar la evaluación periódica de la exposición legal, la revisión de cláusulas contractuales y el desarrollo de escenarios regulatorios y geopolíticos. La coordinación entre las áreas jurídica, fiscal, financiera y de negocio permite responder con mayor agilidad ante nuevas obligaciones, sanciones o restricciones comerciales.
Las organizaciones pueden mejorar su eficiencia operativa, adoptar estrategias de precios más dinámicas. Asimismo, pueden profundizar en el conocimiento del consumidor y adaptar su oferta a diferentes niveles de demanda y capacidad de gasto. La innovación y la personalización permiten competir mediante propuestas de valor que no dependan exclusivamente del precio.
La adopción debe partir de una estrategia corporativa alineada con el negocio y centrada en casos de uso de alto impacto. Esta estrategia debe acompañarse de gobierno de los datos y de la IA, formación de los profesionales, controles de ciberseguridad, criterios éticos y mecanismos de cumplimiento incorporados desde el diseño.
Las empresas deben integrar la ciberseguridad en la estrategia y en la gestión global de riesgos. A raíz de esto, tienen que proteger los activos críticos, reforzar la detección temprana de riesgos y evaluar la seguridad de proveedores y terceros. También es necesario probar los planes de continuidad y recuperación, formar a los empleados y realizar ejercicios periódicos de simulación.
En KPMG contamos con equipos multidisciplinares que pueden ayudar a las organizaciones a identificar sus principales vulnerabilidades, diseñar escenarios de respuesta y reforzar su capacidad de adaptación.
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