La cultura corporativa es un activo clave que sostiene la agilidad, la resiliencia y la toma inteligente de riesgos. En 2025, factores como la disrupción tecnológica, la ansiedad laboral por la inteligencia artificial, la desconexión de los empleados y la erosión de la confianza han puesto a prueba esa cultura. De cara a futuro, los directorios deben reforzar su supervisión y priorizar la cultura como un motor del desempeño y la reputación.

Algunos puntos clave:

  • Liderar con el ejemplo: establecer procesos sólidos de ética, cumplimiento y gestión de riesgos; CEO visible y accesible; empoderar a los empleados para plantear inquietudes sin temor.
  • Comprender la cultura real: ir más allá de los valores escritos; analizar encuestas y denuncias; usar IA para monitorear clima y compromiso; visitar plantas para detectar subculturas.
  • Mantener alineaciones críticas: asegurar coherencia entre estrategia, riesgos, talento y controles; incluir evaluación de cultura en auditoría interna; respaldar decisiones basadas en valores.
  • Conciencia del riesgo: fomentar identificación y escalamiento oportuno; planificar escenarios en un contexto regulatorio y tecnológico cambiante.
  • Talento y confianza: culturas de alta confianza reducen la rotación voluntaria y mejoran el desempeño.
  • Implicancias de la IA: gestionar riesgos de sesgo, privacidad, transparencia y ansiedad laboral; establecer salvaguardas éticas.
  • Cultura como activo corporativo: crisis reputacionales reducen el valor de mercado; CEOs que priorizan cultura logran mejores resultados.






La cultura corporativa bajo presión

Qué pueden hacer los directorios para proteger este activo estratégico



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